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El Silencio
¿Qué
es el silencio?
El silencio y la música
El silencio y nuestro mundo interior
Bibliografía
¿Qué
es el silencio?
Al respecto nos dice el diccionario:
Abstención de hablar. Falta de ruido. En música
es una pausa, breve intervalo en que se deja de tocar o cantar,
y signo con que esto se indica en la música escrita. En
sentido figurado y tratándose de pasiones, sojuzgarlas,
reprimirlas.
También encontramos la palabra
“silenciario”: El ministro destinado para cuidar del
silencio o quietud de la casa o del templo. Lo cual ya nos da
pistas de hacia donde apuntan las características o virtudes
del silencio.
¿Pero es el silencio la
simple ausencia de ruido sin más? De eso trata este trabajo,
de descubrir que otras perspectivas o características tiene
el silencio y poner de manifiesto su verdadera importancia, no
solo en el mundo de la música sino en la vida cotidiana...
o no tan cotidiana...
El silencio
y la música
Nuestro mundo físico es
siempre un símbolo de ese otro mundo no físico,
en todo lo que acontece aquí hay un paralelismo con el
allá, y la música no es una excepción. La
música tiene sus momentos de ruido, de sonidos y de silencios
al igual que la vida de cualquiera de nosotros.
De alguna forma el silencio marca los tiempos entre dos notas
que a su vez se toman su tiempo y tienen, en su grado de vibración,
minúsculas partículas de silencio, pero si pudiéramos
suprimir estos silencios y crear una música envasada, así,
al vacío, ¿Qué nos quedaría? Quizás
una sola nota, un solo sonido que duraría apenas nada,
un suspiro sin tiempo ni espacio, de la misma forma que si a la
materia le extraemos todo el espacio contenido entre los átomos,
su núcleo y electrones, tendríamos apenas nada.
El silencio parece ser entonces un espacio vació lleno
tan solo de tiempo.
El silencio entre dos notas es
como la noche entre dos días, permite un descanso del oyente
que le prepara para la siguiente secuencia de sonidos. Son cómo
el sueño y la vigilia, lo real y lo material, el ideal
y su plasmación en el mundo.
“Soy el silencio que
hay entre dos notas...”
Rainer María Rilke. Libro de horas.
El manual de solfeo elemental nos
dice: Silencios, se llaman los signos que suplen á las
notas, cuando el sonido de éstas debe cesar. Hay tantos
como figuras, y el tiempo de su duración respectiva, es
igual al de aquella cuyo nombre toma.
Si bien aquí se toma al
silencio como una simple medida de tiempo deberíamos tener
en cuenta que en realidad no hay dos silencios iguales y que cada
silencio tiene su propia vida pues lleva en si el perfume de la
nota que le precedió y aún de todas las notas y
silencios que le precedieron, y es que cada obra musical es una
unidad en sí misma. Es como si el silencio fuera ese lugar
donde la belleza vibra, y si no hay silencio no hay experiencia
estética. Las notas musicales provocan e invocan, y es
en el silencio del oyente donde renace lo invocado y se expresa
el goce de lo bello.
Resulta interesante ver como el
juego del tiempo y del espacio hace que el carácter y la
expresión musical cambien notablemente, las notas no son
tantas pero su combinación en la línea del tiempo
y del espacio la hacen casi infinitamente rica, dando lugar a
los términos que ayudan al interprete a captar el espíritu
de la obra, términos tales cómo “affecttuoso”,
“agitato”, “brillante”, “con grazia”,
“patético”, “lúgubre” y
un largo etc.
Aquellos que tengan estudios de
música podrán ver otras muchas analogías
relacionadas con lo que en este trabajo se expone.
De todo esto se deduce que la música
bella es hija del silencio, y no es de extrañar lo que
dijera Confucio: “Antes que una música mal hecha
es conveniente un buen silencio”.
El silencio
y nuestro mundo interior
Si la música, con sus silencios,
encuentran en nuestra alma un eco, una resonancia, una respuesta
emocional burda o elevada, es porque en el hombre también
encontramos el silencio, aunque eso sí, mezclado con mucho,
muchísimo ruido.
“El ruido retiene al
hombre en las regiones psíquicas inferiores: le impide
entrar en ese mundo sutil en el cual el movimiento es más
fácil, la visión más clara, el pensamiento
más creativo.”
Omraam Mikhaël Aïvanhov. La vía del silencio.
Encontramos entonces que existe
una intima relación entre nosotros mismos y el silencio,
entre nuestra vida y los sonidos que nos rodean. Y todo ello condiciona,
en gran medida, aquello que sentimos, pensamos y hacemos.
Hasta tal punto tiene importancia
el silencio que Pitágoras, en su escuela de Crotona, hacía
pasar a los aspirantes el noviciado llamado preparación
(paras keié) que duraba al menos dos años y podía
prolongarse hasta cinco. Estos novicios u “oyentes”
(akusikoi) se sometían durante las lecturas que recibían,
a la regla absoluta de silencio. No tenían el derecho de
hacer ninguna objeción a sus maestros, ni de discutir sus
enseñanzas. Debían recibirlas con respeto y meditar
sobre ellas ampliamente. Y aún más, para imprimir
esta regla en el espíritu del nuevo “oyente”,
se le mostraba una estatua de mujer envuelta en amplio velo, un
dedo sobre sus labios: “La Musa del silencio”.
Los pitagóricos, después
de las abluciones de rigor, daban un paseo por el templo guardando
silencio. Cada despertar es una resurrección que tiene
su flor de inocencia. El alma debía recogerse al comienzo
del día y estar virgen para la lección de la mañana.
También en Egipto encontramos
referencias a un “Dios del silencio” Harpócrates:
“El dios Horus bajo apariencia
de “Horus-niño” (o joven). Se le representa
cómo niño adolescente, con trenza principesca y
el dedo sobre los labios, interpretándose como dios del
silencio.”
“Con el gesto del dedo sobre sus labios impone silencio,
y lleva por vestido (en Grecia) una piel de lobo cuajada de ojos
y orejas, con lo que quiere decir que debemos verlo y oírlo
todo, pero hablar poco. Los romanos adoptaron esta divinidad y
colocaron su estatua a la entrada de sus templos para indicar
que para comunicarse con los dioses es necesario hacerlo con circunspección”,
osea en silencio.
“Llamado también
(en Egipto) Ehoou, llevaba el disco solar en la cabeza y el cabello
dorado, era considerado “dios del silencio” y del
misterio.”
De Horus se dice que ha venido
del Maem Misi, el sagrado lugar nativo (la matriz del mundo) y
es, por lo tanto, el “místico niño del Arca”
o argha, símbolo de la matriz.
Y cómo no mencionar La
voz del Silencio:
“Antes que puedas sentar
el pie en el peldaño superior de la escala, la escala de
los místicos sonidos, tienes que oír la voz de tu
dios interno de siete modos distinto:
1- Como
la melodiosa voz del ruiseñor entonando un canto de despedida
a su compañera, es el primero.
2- Percíbase el segundo a la manera
del sonido de un címbalo argentino de los Dhyânîs,
despertando las centelleantes estrellas.
3- Suena el siguiente como el lamento melodioso
del espíritu del océano aprisionado dentro de
su concha.
4- Y éste va seguido del canto de la
Vîna.
5- El quinto a la manera de flauta de bambú,
suena vibrante en tu oído.
6- Y luego se convierte en sonido de trompeta.
7- El último vibra como el sordo retumbar
de una nube tempestuosa.
El séptimo absorbe todos los demás sonidos. Estos
se extinguen, y no se les vuelve a oír más”.
Así pues descubrimos en
el silencio un camino a recorrer y a la vez un compañero
de ruta indispensable. En este sentido cabe destacar el libro
“La vía del silencio” de Omraam
Mikhaël Aïvanhov, del que he destacado algunas
frases:
“El silencio es el lenguaje
de la perfección, mientras que el ruido es la expresión
de un defecto, de una anomalía, o de una vida que está
aún desordenada”.
“La búsqueda del
silencio es un proceso interior que conduce a los seres hacia
la luz y la verdadera comprensión de las cosas”.
“El silencio es la expresión
de la paz, de la armonía y de la perfección. Quien
empieza a amar el silencio, quien comprende que el silencio les
aporta las mejores condiciones para la actividad psíquica
y espiritual, llega poco a poco, a realizarlo en todo cuanto hace:
cuando mueve objetos, cuando habla, cuando anda, cuando trabaja;
en lugar de trastornarlo todo, se vuelve más atento, más
delicado, más flexible, y todo lo que hace queda impregnado
de algo que parece proceder de otro mundo, un mundo que es poesía,
música, danza e inspiración”.
“Este silencio no es
una inercia, sino un trabajo, una actividad intensa que se realiza
en el seno de una armonía profunda. No es tampoco un vacío,
una ausencia, sino una plenitud comparable a la que experimentan
los seres unidos por un gran amor”.
“En el hombre, el silencio
es el resultado de la armonía en los tres planos; físico,
astral y mental”.
“Este silencio es sentido
como una liberación, como un alivio, como si de pronto
os quitaseis un gran peso de encima, os desprendieseis de todas
las trabas, y las puertas se os abriesen, y que finalmente, el
alma liberada de su prisión, podía resurgir y dilatarse
en el espacio”.
“Es inútil aspirar
a grandes realizaciones espirituales mientras no consigáis
interrumpir el curso ruidoso y desordenado de vuestros pensamientos
y sentimientos, puesto que son ellos los que impiden que se establezca
en vosotros el verdadero silencio, el que repara, calma, armoniza,
renueva... Cuando llegáis a conseguir este silencio, comunicáis
imperceptiblemente a todo aquello que hacéis, un ritmo
peculiar, una gracia”.
“Necesitamos del silencio,
y particularmente del silencio de la naturaleza, porque es en
la naturaleza donde están nuestras raíces”.
“Mucha gente confunde
el silencio con la soledad, y es por ello que temen al silencio:
tienen miedo de estar solos. En realidad, el silencio es un lugar
habitado”.
“No llegaréis
a realizar verdaderamente el silencio en vosotros, si no empezáis
a trabajar con la armonía. Cada día, varias veces
al día, deteneros en observar lo que ocurre en vosotros
y, cuando advirtáis la mínima confusión,
la mínima disonancia, esforzaros en remediarla. Si no,
en el momento en que queráis meditar y entrar en el silencio,
no lo conseguiréis, y sentiréis siempre algún
rumor, algún bullicio. ¡El silencio interior es un
estado tan difícil de alcanzar!”
“La armonía es
la llave que os abre las puertas de la región del silencio”.
“Cuando consigáis
eliminar los pensamientos y los sentimientos inoportunos e introducir
en vosotros la calma, la armonía, permaneced quietos e
intentad incluso de inmovilizar el pensamiento: Que nada atraviese
vuestra mente, ni un pensamiento, ni una imagen, como si todo
se hubiese parado. Sólo vuestra conciencia debe estar ahí,
vigilante”.
“En realidad, lo que
se detiene son los movimientos de la naturaleza inferior, mientras
que la naturaleza superior, por el contrario, comienza a vibrar,
a irradiar. Pero este movimiento vibratorio es tan intenso que
aparenta inmovilidad”.
“Para manifestarse, el
Yo superior espera a que el yo inferior le ceda su lugar. Pero
esto, no es tan fácil, porque el yo inferior no abandona
voluntariamente el terreno; está ahí, gesticulando,
gritando, imponiéndose siempre”.
“Cuando conseguimos hacer
el silencio en nosotros, nos ponemos en manos del Espíritu,
el cual nos guía hacia el mundo divino”.
“Esta voz interior habla
incesantemente en cada uno de nosotros, pero es muy suave, y son
necesarios muchos esfuerzos para distinguirla en medio de toda
clase de ruidos,... Como si se tratara de seguir la melodía
de una flauta entre el estrépito de los tambores y los
grandes timbales”.
“La voz del cielo, es
extremadamente suave, tierna, melodiosa y breve, y hay criterios
para reconocerla. Sí, la voz de Dios se manifiesta de tres
maneras: a través de una luz que nace en nosotros; por
una dilatación, un calor, un amor que sentimos en nuestro
corazón; y finalmente, por una sensación de libertad
que experimentamos, junto a la decisión de llevar a cabo
acciones nobles y desinteresadas”.
“El silencio, la paz,
la armonía, son expresión de una misma realidad.
No creáis que el silencio es mudo o vacío, no, el
silencio es vivo, es vibrante y habla y canta. Pero sólo
lo oímos cuando cesan en nosotros los tambores. Gracias
a la contemplación, la oración, la meditación,
llegaremos un día a oír la voz del silencio”.
“Cuando todas las fuerzas
caóticas se hayan por fin calmado, el silencio se acercará,
se extenderá alrededor de nosotros, y nos envolverá
con su maravilloso manto. Veremos con claridad y sentiremos de
repente que algo muy poderoso reina por encima de nosotros y nos
gobierna: es el silencio de donde el universo proviene, y al que
un día regresará”.
“No se conoce a Dios
hablando u oyendo hablar de El, se le conoce intentando penetrar
profundamente en uno mismo, a fin de llegar a esa región
que es precisamente el silencio”.
“El verdadero silencio
no es solamente ausencia de ruido. El verdadero silencio está
por encima de la sabiduría, por encima de la música,
es el mundo más luminoso, el más poderoso y bello,
el centro de donde surgen todas las creaciones. Ese silencio es
Dios mismo. Hay que unirse a él a menudo, sumergirse en
él esforzándose incluso en detener el pensamiento”.
“Esos esfuerzos son el
desinterés, el desapego, la renuncia... Solamente bajo
esas condiciones es posible penetrar en la región del silencio”.
“Si vaciáis el
agua de un recipiente, entrará aire, si vaciáis
el aire, entrará éter... Cuando intentamos hacer
el vacío, la materia es substituida cada vez por una materia
más sutil. Del mismo modo, cuando logramos expulsar los
pensamientos, los sentimientos y los deseos inferiores, irrumpe
la luz del espíritu: a partir de ese momento, vemos y sabemos”.
“El silencio es la región
más elevada de nuestra alma, y en el momento en que llegamos
a esa región, entramos en la luz cósmica. La luz
es la quintaesencia del universo, todo cuanto vemos a nuestro
alrededor, e incluso lo que no vemos, está atravesado e
impregnado de luz. Y precisamente, la finalidad del silencio es
la fusión con esa luz que es viva, poderosa y que penetra
toda la creación”.
Poco más puedo añadir
(por no decir nada) a todo lo que se ha expuesto sobre el silencio.
Cuando me propuse hacer un trabajo sobre este tema nunca imaginé
que me encontraría con semejante material.
Y ya para terminar extraeré
una última frase, esta vez de La Voz del Silencio:
“¡Mira!
Tú has llegado a ser la luz, tú te has convertido
en el Sonido, Tú eres tu Maestro y tu Dios. Tú eres
TU MISMO, el objeto de tus investigaciones, la incesante “voz”
que resuena a través de las eternidades, libre de cambio,
exenta de pecado, los siete sonidos en uno solo, la “VOZ
DEL SILENCIO”.
Bibliografía:
Teoría musical (I). Salvador Segui.
La Voz del silencio. H.P. Blavatsky.
Orfeo, Pitágoras y Platon. Edouard Schure.
Omraam Mikhaël Aïvanhov. La vía del silencio.
Diccionario de mitología egipcia y de medio oriente. Hector
V. Morel. José Dalí Moral.
Blas Cubells Villaba
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