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cuentos
SI LAS PAREDES HABLASEN
(cuento extraido del
libro "Pinceladas Literarias)
Ya se que suena extraño,
ya se que es increíble, pero la primera noche que pase
en mi nuevo apartamento fue inolvidable, y sí, tenía
que ser de noche, cuando los ruidos se silencian, cuando las luces
se desvanecen y la vigilia deja paso a los ensueños. Apenas
llevaba unos minutos en la cama, con deseos de descansar del trajín
de la mudanza, cuando mi imaginación empezó a proyectar
una película tras otra, ya no pude dormir, permanecí
consciente. Era el privilegiado testigo de los recuerdos que murmuran
las paredes... oía ladridos lastimosos, y vi un cachorro
de pastor alemán de unos cinco o seis meses, estaba en
esta misma casa solo, nadie se hacía cargo de él,
con paso cansino y mirada triste iba de un lado para otro, ahora
un gemido, ahora un ladrido como una queja, ahora corría
a la puerta con vanas esperanzas, así pasaban las horas
y en la cabecita de aquel cachorro entraban dudas y más
dudas, entonces se puso nervioso, primero un poco, luego mucho,
tanto que necesitaba descargarse por lo que la emprendió
con la toalla del baño, la mordió y la mordió
como si con aquel acto acabara con su situación de soledad,
con su sentimiento de perro abandonado, al poco tiempo ya había
acabado con la toalla que ahora era un trapo irreconocible...
de pronto su corazoncito de perrete dio un vuelco de alegría
¡estaban abriendo la puerta! Lo dejó todo y salió
corriendo a recibir a su salvador, a la persona que le sacaba
del vació, de la nada. Una sonrisa de satisfacción
me sustrajo de tanta pena, en aquella casa vivió alguien
que quería a los animales ¡bien!.
Cerré nuevamente los ojos
y me di la vuelta en un intento por conciliar el sueño,
pero las paredes estaban parlanchinas aquella noche, entonces
oí música, eran los arpegios de una guitarra que
sonaba melancólica, no pude ver el rostro del músico
pero sí sus manos, eran las manos de una persona mayor,
su piel seca con las venas marcándose sobre el dorso no
dejaba lugar a dudas ¿Qué lejanos recuerdos evocaban
con sus notas? Hice un esfuerzo por penetrar el significado de
aquella melodía, por traducir a imágenes aquellas
emociones y sentimientos... no fue fácil, pero pronto vi
que aquel hombre no tenía a nadie, su corazón rebosaba
amor y sin embargo era un alma solitaria, entendí que en
toda su vida solo había amado una vez y no supo o no pudo
ser correspondido, que trató de olvidarla bebiéndose
la vida a tragos largos, equivocándose de persona una y
otra vez, no encontrando lo que una vez encontró... pero
al poco tiempo esa música cambió y se hizo ligeramente
alegre, entonces supe que en aquella casa vivió un hombre
que fue feliz, que no le pedía cuentas al destino, que
al final de su vida encontró su mejor y más feliz
recuerdo, eso me consoló.
Me levanté de la cama y
fui a tomar un vaso de agua a la cocina con la esperanza de cortar
aquella situación, pero nada de nada, me senté en
una silla y cuando menos me lo esperaba otra vez las paredes con
su monólogo, esta vez oí ruidos de platos rotos
y cubiertos chocando contra el suelo y las paredes, entonces vi
a una mujer asustada arrojando objetos a un hombre tristemente
desaliñado, hasta me pareció oler el asqueroso tufo
del vino barato surgiendo de su aliento y su ropa, él quería
avanzar hacia ella pronunciando palabras soeces e indignas y ella
no le dejaba, no era ninguna mosquita muerta, le hacía
frente y le invitaba a marcharse y no volver nunca más,
le decía que no volvería a ponerle una mano encima
y que ya tendría noticias de sus abogados, dicho lo cual
le arrojó un vaso de cristal que se estampó contra
la pared a escasos centímetros del rostro de aquel, ahora,
el asustado hombre que por fin se dio cuenta de la situación,
se arrodilló llorando, le pidió perdón, le
hizo no se cuantas promesas de enmienda, pero debió leer
la inapelable decisión de su mujer de tramitar el divorcio
porque se levantó y sin mediar palabra se marchó
con un sonoro portazo.
Entonces supe que en aquella casa
vivió una mujer valiente y me alegré por ello. Me
volví a la cama y entonces sí, por fin pude conciliar
el sueño..
Blas Cubells Villaba
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