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<...duelo
literario
ENUNCIADO DEL DUELO I
(Inspirado en Max, de Juan
Benet)
TEMA: Max es un
artista de circo empeñado en conseguir "el más
difícil todavía", el salto imposible. Sin embargo
cada vez que intenta lograr su soñada proeza, cae desde
lo alto del alambre para dar con sus huesos en el suelo. Sin embargo,
el público abarrota el circo para ver cómo Max fracasa
día tras día. Los años pasan, y con el tiempo
el público llega a dudar de la autenticidad de las caídas
de Max, entonces el Empresario, personaje de dudosa moralidad,
tendrá que aleccionar a Max sobre los dictados del público,
la verdad y las apariencias, las diferencias entre arte y espectáculo,
aquí entra nuestro duelo.
OBJETIVO: Tenéis que contar
cómo en el periplo de su vida, y en aras a su éxito
definitivo, Max va quedando solo, anteponiendo su pertinaz deseo
de triunfo al amor, a su salud, e incluso a su vida. Solamente
el Empresario le sigue fiel, confundiéndose con él,
en una simbiosis siniestra y decadente. Así que, de forma
teatral, debéis mostrarnos las conversaciones entre Max
y este curioso personaje que es el Empresario, donde se haga ver
la diferencia ente verdad y apariencia, entre vida y espectáculo.
DIFICULTAD: Reside en encajar
en el teatro la vida de Max; hasta que cansado, viejo y enfermo,
anuncia su último salto y retirada, asumiendo públicamente
su fracaso. Es precisamente en ese momento de desapego, de falta
de ambición, cuando por fin consigue lo imposible ¡Vuela!,
sin embargo el público paga para ver cómo ese desgraciado
se estrella contra las tablas, los espectadores indignados exigen
al empresario que el viejo salte y caiga de nuevo, tal como se
espera de él. El Empresario, contrariado por las exigencias
del público (aunque extrañamente emocionado por
la hazaña de Max), no tiene más salida que convencer
al acróbata para que repita su conocida caída. Max
accede, cae y puede morir o no, o puede ocurrir algo totalmente
inesperado, eso es cosa vuestra.
FORMA: Como ya sabéis,
el relato estará formado por cuatro asaltos, dos por persona,
dentro de los límites de tiempo ya publicados en las bases.
La historia la van contando los personajes que aparecen, pues
todo debe estar escrito a modo de teatro, con descripción
previa de los decorados, con todo el guión preparado para
verlo en escena.
VALORACIÓN: Se tendrá
especialmente en cuenta la evolución que se muestre en
el acogimiento entre ambos protagonistas, de modo que, a lo largo
del relato deberá entreverse con claridad una sujeción
sentimental entre ellos, dejando un final a ser posible inesperado,
nostálgico o lleno de esperanza. La imaginación
es vuestra.
Comienza Jaime:
Escena 1
Camarines de Max y otros artistas.
Es un lugar naturalmente desordenado, con ropa de payasos, bailarines
y acróbatas esparcida por el suelo. A un lado, pegada a
la pared hay cinco espejos grandes con sillas y cómodas
para maquillarse o peinarse. Del otro lado de la habitación
hay armarios con distintas clases de vestimentas y utilería
necesaria para circo: aros, sogas y biciletas, entre otros objetos.
La entrada y salida es por el fondo, donde se puede vislumbrar
parte de un escenario de circo. Por ahí entra Max, que
está vestido con ropa de acróbata de circo, se pueden
oír los aplausos detrás de él.
Max: (Cojeando
y quejándose de una caída) Dios mío, cada
vez más y más dolor, esto es imposible de sostener.
(Se sienta y empieza a sobar sus piernas y brazos. Mira en dirección
a la salida, escucha los aplausos y niega con la cabeza) Cada
día el público es peor. Apaludiendo, como si yo
no tuviera ninguna clase de sentimiento, esto es horroroso.
Entra El Empresario, vestido
con chaaqueta, pantalón y corbata. Se queda cerca de la
entrada para no llamar la atención de Max.
Max: Y ahora...
¿Qué fue lo que falló? Era el salto... o
quizás...
El Empresario:
(Se acerca a Max) ¡Excelente función muchacho!
Max: (Se da vuelta y le habla enojado)
¿Excelente? ¿Excelente me dice, jefe? ¿Cómo
puede ser éso? ¡Ya llevo un año haciendo el
mismo acto y ni una sola vez he podido llegar a hacer el salto!
¡Siempre doy con mis pobres huesos sobre la ona! Y no es
un lugar muy seguro que digamos. He tenido que venir aquí
desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche
para preparar el salto y lograr que sea lo mejor que pueda...
El Empresario: No te preocupes
tanto muchacho, no ensayes tanto, pasa más tiempo con tu
familia, quiero decir, tienes esposa y todo lo demás...
Max: Pero señor,
tiene que entender que debo realizar ese...
El Empresario: Mira amigo. (Se
acerca y con una mirada amenazadora le habla a Max) Me importa
un cuerno tu salto y la perfección que quieras darle. Por
la única razón por la cual todavía estás
aquí pese a ser un desastre es por que a la gente le encanta
verte caer, les encanta ver que te rompas. ¡Este circo está
en banca rota y sin ti...! (Se arrodilla frente a Max) Sin ti
este circo ya no existiría... tienes que comprenderlo.
Por favor.
Max: Pero mi salto...
El Empresario: ¡Olvida tu
salto! (Se incorpora y se dirige a la salida) Tú sigue
tal como estás y, bueno, si mejoras... me gustaría
verlo antes de que lo hagas en una función (Se va)
Max: (Suspira
y se dirige a la salida) Estoy seguro que fue el ángulo
de inclinación... (Sale de escena)
Fin de la primera escena.
Sigue Blas Cubells:
Escena 2
Se apagan lentamente las luces
mientras suena un solo de flauta con notas melancólicas.
Vuelve poco a poco la luz y el escenario ahora ha cambiado, se
ve al fondo la carpa del circo, y en primer plano una de esas
caravanas donde vive la gente del circo. Se ve a una mujer que
tiende la ropa y a una niña de unos 9 años que juega
con muñecas a modo de trapecistas. Aparece Max en escena
cabizbajo, la niña se levanta rápidamente para darle
un abrazo, pero la mujer se vuelve con gesto despectivo…
La mujer: ¡Qué!
¿Otro salto inútil? ¿De nuevo has acabado
en el suelo? Pero hombre de dios ¿Por qué no haces
algo que sea más fácil, algo que esté a tu
alcance? ¿Por qué esa manía de hacer lo imposible?
¡No te entiendo Max, no te entiendo!
Max: Para hacer
lo que cualquier trapecista haría, mejor no hago nada ¿no
lo entiendes? Tengo que ser mejor que ellos, diferente, demostrar
que soy especial… ¡y que me admiren! Además,
tú sabes que sí puedo hacer ese salto mortal y volar
en los aires, me has visto hacerlo en algunos ensayos.
La mujer: Sí
Max, y eso hizo que me enamorara de ti, pero de eso hace ya mucho
tiempo, quizá tenías mejor forma, o más fuerza
mental, mucha más ilusión, o simplemente eras más
joven ¿no te das cuenta que te vas a matar si sigues así?
Max: Siempre me las arreglo para
caer sin lastimarme, aunque el golpe duele, ya lo creo que duele.
De todas formas el jefe está contento, la gente aplaude
cada vez que caigo errando el salto, dice que vienen a verme fracasar
todas las tardes… creo que valoran el esfuerzo que hago
y simpatizan con mi vuelo frustrado ¿será que ven
sus vidas reflejadas en mí, y por ello, se aplauden a sí
mismos?
La mujer: Mira
Max, no empieces con tus extraños pensamientos, yo sólo
sé que una de dos, o te perdemos, tu hija y yo, al desgraciarte
en una de esas caídas, o te perdemos por la obsesión
que tienes por ese maldito salto. Por eso tengo que decirte una
cosa…
La mujer estalla en sollozos
haciendo esfuerzos para hablar.
… que si no lo dejas, si
no abandonas, nos vas a perder a las dos ¡a las dos!
La mujer sale de la escena,
con paso rápido, hecha un mar de lágrimas. Max permanece
quieto y pensativo, la niña se le acerca y, tocándole
un brazo le habla en tono dulce y compasivo.
La niña: ¡Papa, papa!
Yo sé que puedes hacerlo, eres el mejor trapecista del
mundo…
Max le dedica una sincera sonrisa
que al instante se congela en una mueca sin demasiada convicción.
Fin de la segunda escena.
Sigue
Jaime:
Escena 3
Los camarines de Max, sólo
que esta vez todo está mucho más viejo, algunas
cosas han cambiado de lugar y casi todo está cubierto de
polvo. Se puede ver pegado en el espejo un cartel que dice: "Vea
a Max, el trapecista, en el último salto de su vida"
con indicaciones de precio y lugar. Se puede escuchar cómo
entra y grita la gente al circo, todos gritando al unísono
Max. Entra Max mucho más viejo, con canas y arrugas en
todo su cuerpo, se mueve cansado y cojea de la pierna derecha.
Se sienta frente al espejo y mira el cartel. Se rasca la cabeza
repetidas veces y mira nervioso a la salida mientras escucha cómo
la gente se acomoda y sigue gritando su nombre, con sus dedos
va haciendo cálculos sin fin, equivocándose y teniendo
que volver a empezar. En ese instante entra una adolescente con
un vestido rosa y su madre con un traje de domingo. La adolescente
se acerca a Max con un lápiz y un papel en la mano, Max
la mira y toma rápidamente el lápiz y el papel,
dándole un autógrafo muy disgustado. Max le devuelve
el autógrafo a la adolescente.
Adolescente: ¡Eres
el mejor trapecista del mundo!
Max la mira un segundo y vuelve
a mirar el cartel y a sus cálculos. La adolescente corre
en dirección a su madre y la abraza. Ambas empiezan a llorar
silenciosamente mientras van saliendo de los camarines.
La Mujer: ¿Por
qué Max? ¿Porqué?
La adolescente y su madre salen.
Pasan unos segundos antes que El Empresario entre al camarín,
tiene el cabello completamente cano, pero parece mucho más
pletórico y enérgico que Max.
El Empresario:
¡Vaya Max! Eres todo un fenómeno. Este día
has llenado la carpa, gente de todas partes del país vinieron
a verte. Grandes celebridades del espectáculo han venido
a verte sólo a ti, eres una celebridad. Pero, qué
digo.. después de una carrera tan larga...
Max: Carrera...
(Max sigue mirando el cartel y empieza a temblar) Carrera... (Max
se para violentamente de la silla y se acerca furiosamente al
empresario, lo toma de las solapas de su chaqueta y lo levanta,
luego lo tira al suelo con fuerza) ¡Una carrera de fracasos!
Una carrera de golpes y caídas, una carrera que no sirve
para nada. Y todo... todo lo hice por ti, es por tu culpa.
El Empresario:
¿Mi culpa? (Se levanta trabajosamente, apoyándose
en el suelo) ¡No es mi culpa que hayas abandonado a tu mujer
y a tu hija! Eres un loco, un obseso, todo esto que he hecho por
ti, no lo tomas en cuenta. Yo te creé, Max. No eres nada
sin mi, no eres más que el peor trapecista de toda la historia,
un trapecista que lo único que sabe hacer bien es caer
y caer y caer. Sin mí seguro que ya estarías muerto
de hambre.
Max: No, no es
verdad.
El empresario:
¡Sí! No lo quieres comprender, yo estaba perdido.
¡Perdido! La única solución que veía
delante era cerrar el circo, mi acróbata no hacía
bien su trabajo y no podía pagar las deudas... hasta que
me di cuenta de que el público se reía ya aplaudía
con tus caídas. Ahí estuvo mi salvación,
anuncié por la ciudad el espectáculo en el cual
tu caías al suelo, la gente venía y venía
de nuevo. ¡Era una mina de oro! Te dije que no tomaras en
serio tu salto, pero lo único que has hecho tú es
no dejar de pensar en él. ¡Por eso perdiste a tu
familia! Yo no tuve la culpa.
Max: Cállate.
(Max está al borde de las lágrimas y se ha ido reclinando
en el suelo, desesperado, empezando a contar sus dedos otra vez)
No es cierto.
El Empresario:
¿Y sabes que es lo peor? ¡Que después de hoy
cerraré el circo! ¡No más! Adieu! Sin ti este
circo no es nada, vale menos que la basura de público que
viene a verte todos los días.
Max se levanta lentamente y
luego de lanzar una mirada a El Empresario, corre hacia la salida.
Se pueden escuchar los aplausos y ovaciones a Max en cuanto entra
al escenario. El Empresario se acerca a la salida para ver qué
hace Max. Sigue con la mirada cómo Max sube las escaleras
y luego de escucharse un redoble de tambores el salto de Max.
El público parece sorprenderse y El Empresario se echa
para atrás, asombrado por lo que ha visto. Poco a poco
se pueden ir oyendo, primero tímidos y luego más
fuertes, los chiflidos y muestras de desaprecio, gritando distintas
clases de improperios en contra de Max y el circo.
El Empresario:
¡Dios mío! ¡Qué he hecho!
El Empresario corre y sale
de escena.
Fin de la tercera escena.
Sigue y termina Blas
Cubells:
Escena 4 y última
Se enciende un foco que alumbra
a Max sentado frente al espejo de su camerino, de manera que todos
pueden verle a él casi de frente, y también al espejo.
Comienza un monólogo mientras va desmaquillándose,
ya no parece cansado, ya no cojea, y sus ojos brillan vivaces
con una renovada juventud.
Max: ¡Qué
bien lo has hecho Max! (se dice a sí mismo mirando el espejo).
Después de todo el público me aprecia, al menos
una gran parte de él, y da igual que ese vampiro de empresario
haya vendido mi salto como caída. Los espectadores son
eso, gente expectante, personas que esperan a que suceda algo
especial, y ese algo es mi empeño heroico año tras
año en conseguir mi salto. Ese empresario de pacotilla
cegado por la avaricia de hacer caja es incapaz de comprenderlo,
y hasta el más bruto de los hombres tiene su corazoncito
¡Me da igual que tenga que cerrar el circo! Yo he conseguido
mi meta, hacer el salto ¡y qué salto!
Max se levanta,
dos focos más se encienden a su lado, y con un ágil
gesto da una voltereta lateral. El espejo queda oculto en la oscuridad
y sólo Max aparece iluminado. De pie frente a los espectadores,
mira hacia arriba con gesto sonriente de ensoñación,
como recordando su proeza… Aparece en escena la adolescente
y se sienta a su lado, otro foco la ilumina a ella, creando un
espacio de intimidad entre los dos. Max la mira sonriente.
La hija: Hola
papa, sólo quería decirte que mama y yo estamos
muy orgullosas de ti…
Max: ¿De
verdad?
La hija: Sí,
pero ella no ha venido porque le da vergüenza, se arrepiente
de lo que te hizo.
Max: Eso es agua pasada…
La hija: Entonces…
¿no le guardas rencor?
Max: No, en el
fondo la comprendo y reconozco que gran parte de la culpa es mía,
por mi obsesión por saltar, por cierto ¿te gustó
mi número?
La hija: Claro
que sí papa, pero… no entiendo cómo pudiste
hacerlo, nosotras vinimos a verte hicieras lo que hicieras, pero
nos has sorprendido a todos.
Max sonríe complacido y
se dispone a contar la experiencia de su salto, entra en escena
su mujer y el empresario. Se encienden las luces para dejar el
escenario ligeramente iluminado, al fondo se ve un decorado con
la pista del circo, queda un único foco que sigue iluminando
a Max.
Max: Pasa, pasad,
justamente iba a relatar mi salto…
Todos hacen ademán de
estar dispuestos a escuchar.
Max: Como todos
sabéis este era mi último salto, tras el volvería
con mi familia (su mujer le lanza un beso). Poco antes de salir
a la pista estaba aterrado, pero a medida que se acercaba el momento
me di cuenta de algo, que no importaba si volvía a fallar,
pasara lo que pasara abandonaría el circo, eso hizo que
me sintiera libre, y casi feliz, por primera vez en muchos años,
ya no me importaban los aplausos, ¡mi vanidad se había
esfumado! Y sólo entonces fui consciente de mi locura y
obsesión.
La hija se levanta y abraza
a su madre, el empresario pone cara de preocupación.
Max: ¡Dios
mío que alegría recorría mi cuerpo! Salí
ante el público, como tantas otras veces, lo saludé
y me ovacionó, subí las escaleras hasta la plataforma
y volví a saludar mientras me desprendía de mi capa
entre el clamor de los aplausos. Miré hacia el otro lado
de la carpa, al lugar desde donde mi asistente lanzaría
el trapecio que yo debía alcanzar tras mi triple salto
mortal… Entonces sucedió algo no previsto…
en vez de mi asistente habitual estaba otra persona que no adivinaba
a reconocer… me hizo una señal con la mano y me lancé
al vacío con todas mis fuerzas… en el aire iba rodando
hecho un ovillo, siguiendo mi instinto estiré mi cuerpo
enérgicamente… y allí estaba… el trapecio
había llegado a tiempo.
Todos arrancaron a aplaudir,
aunque el empresario con menos entusiasmo.
El empresario:
¿Y quién fue tu asistente?
Max: No lo sé,
tras sentarme en el trapecio y saludar al público miré
hacia la plataforma, pero no pude ver a nadie, ni siquiera al
que contrataste, eso siempre lo dejé en tus manos…
Su mujer: ¡Y
qué importa ahora eso!
Max, su mujer y su hija se
abrazan emocionados, el empresario se va de la escena… Baja
el telón.
FIN
Este duelo lo gané yo, o
sea, Blas Cubells, peor suerte corrí en el siguiente...
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